
Un 2 de Julio del año 2003 en París, el comité ejecutivo del programa patrimonial de la UNESCO -conformado por 21 diplomáticos- votó por unanimidad incluir el casco histórico de Valparaíso en el listado de los sitios que conforman el “Patrimonio Cultural de la Humanidad”.
El día de ayer se cumplieron 6 años desde aquel nombramiento, el que algunos señalan como una “bendición“. Pero, ¿cuáles son los reales beneficios de esto?
Según en Consejo de Monumentos la distinción de una ciudad como Patr imonio de la Humanidad “tiende a aumentar los flujos de turismo en inversiones, sobre todo las relacionadas con las actividades artísticas, el patrimonio y el turismo cultural. Por otra parte, tiende a aumentar la conciencia local sobre la importancia de conservarlos, generando una positiva dinámica de acción comunitaria a favor de su puesta en valor “.
Lo anterior se llevaría a cabo gracias a una serie de planes de gestión, y p royectos turísticos y de conservación del patrimonio, entre los que se encuentran la Conformación del Archivo Histórico de la Municipalidad, el Programa Patrimonio d esde el barrio, el Programa de Recuperación de Ascensores, el Programa de Recuperación de Espacios Públicos y el Programa de Mantención y Prevención de Riesgos en Edificaciones Antiguas.
Asimismo, la designación de la ciudad puerto como la “capital cultural de Chile” y la sede del nuevo Consejo Nacional de Cultura se presentan como otras de las medidas que pretenden fomentar el turismo e impulsar el desarrollo sustentable de Valparaíso como un lugar patrimonial.
No obstante, existe un sector importante de la comunidad que no se ve beneficiada con estos grandes proyectos. Más allá del aumento de la inversión y el turismo en la localidad -que sin duda beneficia a muchos porteños-, el desarollo que Valparaíso ha tenido en los últimos años presenta una serie de incongruencias y exclusiones.
Por un lado, la proliferación de edificios en la costa y cerros de Valparaíso ha perjudicado a gran cantidad de residentes, los que de un día a otro cambiaron la vista a la bahía para enfrentarse a inmensas y frías construcciones. Según el arquitecto Juan Sabbagh, con estas construcciones se provoca una “variación del carácter urbano, la morfología y geografía. Se rompe el sentido de la urbanidad, de convivencia, se abandonan los centros cuidadanos y se crece hacia la periferia”.
Por otra parte, el desalojo de la ex cárcel (ocurrido el viernes 28 de marzo del 2008), no sólo se presentó como un hecho sumamente represivo, sino también inconsecuente con el nombre de “capital cultural” que recibió nuestra ciudad.
De la noche a la mañana y sin ninguna explicación, decenas de artistas fueron expulsados de su lugar de trabajo y hogar. Inmediatamente las organizaciones artísticas y algunos medios locales de la ciudad se desplegaron en contra del proyecto y el repentino desalojo, realizando una olla común por tres semanas en plena Plaza Aníbal Pinto de Valparaíso, eventos artísticos en la zona y en la capital, junto con la entrega de la carta a la Presidenta.
Si bien la historia tuvo un final feliz para los artistas, el sólo hecho del desalojo se presenta como una verguenza para los porteños. Todo lo anterior sumado al pésimo estado de los ascensores, calles y viviendas patrimoniales, así como las pocas oportunidades que existen para los artistas locales hacen que la siguiente pregunta sea inevitable:
¿Patrimonio para quién?